Détours-Atajos

Un diálogo audiovisual entre jóvenes de Francia y Colombia.

Ensayo documental transmedia compuesto por un documental unitario (de 12 minutos de duración) y 9 videoinstalaciones / Clichy-sous-bois, FR – Ciudad Bolívar, CO / Co-creado por JL. Bongore y M. Jauvin; en colaboración con Ojo al Sancocho / 2016-2018.

Entre Francia y Colombia, entre Clichy- sous-Bois y Ciudad Bolívar, dos grupos de adolescentes toman la palabra para hablar de su ciudad, contar sus vivencias, sus andanzas y sus esperanzas. A través de sus imágenes, un diálogo entre dos realidades se construye poco a poco.

Este proyecto se ha realizado gracias al apoyo de: Año Francia-Colombia, Institut Français, Région Ile de France, Ateliers Médicis, Département de la Seine Saint Denis, Alcaldía de Clichy-sous-Bois, Société du Grand Paris, Fondation Un Monde Par Tous, Colegio Louise-Michel, Ministerio de la Cultura en Colombia y la Alcaldía de Bogotá; en colaboración con Ojo al Sancocho; producido por Détours Atajos.

Exposiciones y festivales en los que se ha mostrado:
2019 Festival Internacional de la Imagen de Manizales, Manizales, CO. Curated by Felipe Londoño.
2018 “Détours-Atajos”, Cinemateca Distrital, Bogotá, CO.
2017 Festival Internacional Ojo al Sancocho, Ciudad Bolívar, CO. Curated by Daniel Bejarano.
2017 Exposición individual “Détours-Atajos”, Centro de Memoria Paz y Reconciliación, Bogotá, CO.

DIÁLOGO

Este proyecto nació de un encuentro, entre un artista y una arquitecta, y un encuentro entre 2 territorios de los márgenes de París y de Bogotá : Clichy-sous-Bois y Potosí (Ciudad Bolívar).

Empezamos realizando talleres, para que los jóvenes cuenten la ciudad desde la periferia, su periferia, lejos de los retratos estigmatizados que nos llegan. Los talleres audiovisuales son el punto de partida, la materia prima que nos han permitido acceder a la palabra íntima de los jóvenes. El video se ha vuelto una herramienta de auto representación y de construcción identitaria. ¿Cómo nos representamos para el otro? ¿Qué relato de nuestra realidad hacemos? ¿Qué mirada tenemos de nosotros mismos? En los talleres, la cámara está presente y participa en la narración colectiva. El uso de teléfonos y tabletas como sistemas de filmación domésticos y amateur aporta legitimidad a la palabra de los adolescentes.

Cada grupo de jóvenes tienen como interlocutor a su dupla francés o colombiana, alternándose en continuo entre ser narrador y ser lector. A la manera de una carta, los frutos de los talleres, en forma de pequeños videos hechos por ellos, son enviados al otro grupo. Lejanos físicamente pero cercanos simbólicamente. Un pretexto para hablar de y hacer hablar a una generación que vive en dos ciudades cuyas periferias conocen hoy una nueva era. Como una carta dirigida, la presencia de un grupo lejano y “exótico” permite un destinatario a quien se cuenta de manera más libre el vínculo con el territorio. Porque se trata de eso: de los afectos, de lo íntimo. De narrarse delante y detrás de la cámara ya que sabemos que hay alguien en otro sitio alejado que retoma la palabra. Y que hay algo similar en mitad de un mundo tan desconocido y diferente.

El diálogo ha sido como una herramienta, o puerta, hacia la reconciliación con su propio territorio, con su identidad, y su imagen. El punto de vista del otro nos llega, y nos abre otra perspectiva, más positiva. La percepción extranjera se para en las cosas más bonitas, en una realidad idealizada, en lo que de manera incrédula no conoce. A pesar de que son dos realidades duras, un hilo aparece entre ellas, uniendo esperanzas y sueños.

MEMORIA Y UTOPÍA

Esas zonas periféricas de ambas ciudades, con una fuerte identidad local, están en proceso de cambio urbanístico. Ya sea debido a que estos lugares van a ser anexados a la metrópoli (como es el caso de los suburbios del Noreste de París con el Gran París), o porque son barrios de origen informal que aún están en proceso de consolidación urbana (como es el caso de Bogotá). Sea cual sea la situación de estos territorios periféricos, lo que tienen en común es que son barrios afectados por la violencia, el microtráfico, el desempleo y el aislamiento tanto desde la perspectiva del transporte y la movilidad como desde el déficit de oportunidades económicas.

¿Cómo las franjas olvidadas -y por olvidadas- devienen la escena de las lujuriosas empresas inmobiliarias, de las grandes políticas urbanas de renovación, de transporte, de revalorización, de legitimación del territorio o de gentrificación?

¿Cómo lo acogen sus habitantes, unidos pese a la violencia y la exclusión económica y geográfica? Un pasado que se borra a golpe de excavadora, este encuentro entre el mundo de los recuerdos, de instantes suspendidos entre las fachadas interminables de las cités*, los laberintos y escondites de los adolescentes, y el mundo de los sueños colectivos de un futuro pasado y otro por venir.

Dos bordes que constituyen partes del territorio construidos precipitadamente, en un caso, para paliar una falta de viviendas tras la reconstrucción post Segunda Guerra Mundial, en el otro caso, debido a la llegada masiva de familias que huían de la violencia de las zonas rurales de Colombia. En ambos casos se trata de migrantes, de culturas diferentes que llegan a otro lugar. Una nueva identidad urbana  se crea, encarnada en la nueva generación que son hoy los jóvenes.

Con ellos, hemos descubierto cómo las temáticas urbanas de los 2 territorios tan lejanos geográficamente, son en muchos casos cercanos, cómo podemos crear puentes entre ambos, o cómo sus narraciones hacen eco de las cuestiones metropolitanas contemporáneas. Hemos descubierto cómo la cuestión de la identidad, de la representación y específicamente de la auto-representación es para ellos esencial, ya sea imaginada o real.  

Testigo de un punto de vista de toda una generación que habita en y desde los márgenes. Hemos aprendido en estos territorios llenos de historias, cómo fueron construidos en oleadas de esperanzas, por gente habitada de utopías de otro tiempo. Hemos mirado al pasado, dos generaciones atrás que, pese a los errores, se hacían las mismas preguntas que nos hacemos nosotros ahora. Y sobre todo, para cuestionarnos de nuevo de manera colectiva con los adolescentes:

« ¿Y nosotros, qué queremos para el mañana? ».